Los germinados de semillas y granos aportan muchísimos beneficios nutricionales y son ideales para mantener nuestra salud en condiciones óptimas.
A pesar de ésto, los germinados no son muy conocidos pero son muy interesantes para incluirlos en nuestras dietas: su consumo regular regenera la flora intestinal y mejora la digestión. Son reconstituyentes, remineralizantes y desintoxicantes, estimulan el metabolismo y los jugos pancreáticos, fortalecen las defensas y apenas aportan calorías…
También resultan depuradores del organismo, potenciadores de la producción de leche materna y reguladores del sistema endocrino. Además, incrementan el tono muscular, disminuyen el meteorismo y tienen probados efectos rejuvenecedores.
La germinación aumenta las vitaminas B2, B5, B6, y ácido fólico; de enzimas digestivas; de antioxidantes, como la vitamina C, E, beta-caroteno y ácido ferúlico. Aumenta la disponibilidad del fósforo, calcio, hierro, zinc y magnesio, y el contenido de ácidos grasos esenciales, ya que con la germinación los granos y las semillas se vuelven más fáciles de digerir y descomponer en sus nutrientes esenciales y se mejora la absorción de los mismos.
Los germinados más comunes son de alfalfa, berros, guisantes, garbanzos, lentejas, mostaza, girasol, rábano, trigo y la conocida soja, aunque se pueden germinar la mayoría de semillas, incluidos los cereales y las legumbres, y puedes comprarlos ya germinados (en supermercados, herboristerías, verdulerías..) hacerlos en casa, o utilizar una germinadora.
Hay muchas formas de incluirlos en nuestras comidas; añadirlos directamente en ensaladas, batidos, con yogur o leche, sopas, rolls o sandwiches, postres…a qué esperas para probarlos?

